El día que se fue la luz, ¿tu empresa siguió conectada con el apagón?
El 28 de abril de 2025 España vivió algo que casi nadie tenía en su plan de riesgos: un apagón general que dejó sin electricidad a la península durante horas. Muchas empresas descubrieron ese día que su plan de contingencia tenía un hueco importante.
Las que tenían SAI o grupo electrógeno mantuvieron encendidos los servidores y los equipos críticos. Pero en muchos casos eso no sirvió de mucho: sin conexión a internet no había correo, ni ERP en la nube, ni TPV, ni videollamadas, ni acceso a Microsoft 365. Los equipos estaban encendidos, pero la empresa estaba parada.
La lección es clara: la energía de respaldo es solo la mitad del problema. La otra mitad es la conectividad.
En resumen
- Un SAI mantiene los equipos encendidos, pero no garantiza que la empresa siga conectada.
- Durante un apagón general pueden caer a la vez la fibra y las antenas de telefonía móvil.
- Una conectividad de respaldo real combina varias tecnologías, varios operadores y energía para los equipos de red.
- El plan B tiene que estar probado antes de necesitarlo.
Por qué el respaldo “de siempre” no fue suficiente en el apagón
La mayoría de las empresas que se habían preocupado por la redundancia tenían algo parecido a esto: una línea de fibra principal y, como mucho, un router 4G de reserva. Es una buena base para cortes puntuales del operador, pero un apagón generalizado tiene otro comportamiento.
Durante el apagón, muchas estaciones base de telefonía móvil se quedaron sin energía en pocas horas, de modo que el respaldo 4G/5G también cayó en buena parte del territorio. A eso se suma un detalle que se olvida a menudo: aunque el operador funcione, si el router, el switch o el firewall de la oficina no están conectados al SAI, la red interna se apaga igualmente.
En cambio, la conexión por satélite demostró un comportamiento muy distinto. Según datos publicados después del apagón, el uso de Starlink en España se disparó por encima de lo habitual mientras las redes terrestres fallaban, y muchas empresas y servicios críticos lo usaron como salvavidas.

Las piezas de una conectividad de respaldo bien diseñada
No se trata de comprar una antena y olvidarse. Una conectividad resiliente se construye por capas, y cada empresa necesita una combinación distinta según su actividad.
| Capa | Qué aporta | Su límite |
|---|---|---|
| Fibra principal | Velocidad, estabilidad y coste razonable en el día a día. | Cae con averías del operador, obras o cortes eléctricos amplios. |
| Segunda fibra de otro operador | Protege frente a incidencias de un solo operador. | Si el problema es eléctrico y general, ambas pueden caer. |
| Respaldo 4G/5G | Conmutación rápida y barata ante cortes de la fibra. | Depende de que las antenas cercanas sigan teniendo energía. |
| Satélite | Independiente de la infraestructura terrestre local. | Necesita instalación en exterior y su propia alimentación eléctrica. |
| Energía para la red | SAI o baterías que alimentan router, switches, firewall y antena. | Hay que dimensionar la autonomía real que se necesita. |
La clave está en que todas estas capas se gestionen de forma conjunta: un equipo que detecte la caída de la línea principal y conmute automáticamente a la siguiente disponible, sin que nadie tenga que tocar nada.
Lo que suele fallar (y casi nadie revisa)
Cuando se analiza la continuidad de una empresa, aparecen siempre los mismos puntos débiles:
- El SAI protege los servidores, pero no la red. Router, switches y puntos de acceso se quedan fuera y la oficina pierde conexión aunque los servidores sigan encendidos.
- La autonomía es de minutos, no de horas. Los SAI están pensados para apagar los equipos de forma ordenada, no para trabajar durante una tarde entera.
- El router 4G de reserva lleva años sin probarse. La SIM ha caducado, la tarifa ya no existe o nadie sabe cómo activarlo.
- Todo depende de un único punto. Un solo firewall, un solo switch principal o un solo proveedor sin alternativa.
- No hay un plan escrito. Nadie sabe qué servicios deben seguir funcionando ni quién decide qué hacer.
Cómo empezar: cinco preguntas para tu empresa
Antes de invertir en nada, conviene responder con honestidad a estas preguntas:
- ¿Qué tiene que seguir funcionando sí o sí? Cobro, atención al cliente, producción, logística… No todo es igual de crítico.
- ¿Cuántas horas podemos estar desconectados? La respuesta marca el nivel de inversión razonable.
- ¿Qué pasa con nuestros equipos de red si se va la luz? Hay que revisarlo físicamente, no de memoria.
- ¿Cuántas vías de conexión independientes tenemos? Dos líneas del mismo operador cuentan como una.
- ¿Cuándo fue la última vez que probamos el plan B? Si la respuesta es “nunca”, ahí está el primer paso.
Y si tus servicios están en la nube, recuerda que la nube solo te sirve si puedes llegar a ella. Lo mismo ocurre con las copias de seguridad: si están fuera y no hay conexión, recuperarlas tendrá que esperar.
Preguntas frecuentes
¿Es caro tener conexión por satélite como respaldo?
Mucho menos de lo que se piensa. Para la mayoría de las empresas, el coste mensual es pequeño comparado con lo que supone una mañana sin poder facturar o atender a clientes.
¿Basta con un router 4G?
Para cortes puntuales del operador, sí. Para un apagón amplio, no siempre, porque las antenas móviles también necesitan electricidad. Lo recomendable es combinar varias tecnologías.
¿La conmutación entre líneas es automática?
Debería serlo. Con un equipo de red bien configurado, el cambio a la línea de respaldo se produce en segundos y sin intervención manual.
¿Qué autonomía necesita el SAI de la red?
Depende de cuántas horas quieras seguir operando. Router, firewall y antena consumen poco, así que alargar su autonomía suele ser mucho más asequible que alimentar toda la oficina.
Diseña tu plan de continuidad con Imagar
En IMAGAR ayudamos a las empresas a que una avería, un corte del operador o un apagón no signifiquen parar la actividad. Nuestro equipo de comunicaciones se encarga de:
- Analizar los puntos únicos de fallo de tu red.
- Diseñar una conectividad con varias vías y conmutación automática.
- Dimensionar la energía de respaldo para los equipos críticos.
- Integrar el plan de conectividad en tu infraestructura tecnológica.
- Probar periódicamente que todo funciona cuando hace falta.
Porque el plan B no se improvisa el día que se va la luz: se diseña y se prueba antes.





